Para empezar, es importante recalcar que la contaminación es la alteración o
degradación que sufre el medio ambiente, todo esto y debido en su mayoría a la
mano del hombre quien en busca de un avance económico ha deteriorado muchos de
los recursos naturales sin medir los daños futuros; así mismo la contaminación de
un recurso tan preciado como lo es el agua se conoce como la alteración de sus características
naturales que al verse intervenida por agentes externos a ella, comienza a
generar cambios en el ecosistema acuático que pueden perjudicar de manera
amplia la vida marina. En este sentido se conoce que los principales causantes
de la contaminación oceánica son las grandes industrias, entre ellas la petrolífera
en el que de manera accidental o consiente vierten residuos de crudo que poco a
poco se extienden por la inmensidad del mar, arrasando con la biodiversidad que
allí se encuentra y dejando secuelas imborrables para el medio ambiente.
En otro orden de ideas, nos encontramos además con los defectos dejados por
la poca seguridad en el manejo del petróleo; por ejemplo, los animales marinos
contribuyen a formar sedimentos, formaciones carolinas y arrecifes, ellos al
verse severamente afectados por tantos tóxicos que cubren su piel y branquias,
se ven impedidos a respirar y esto les causa la muerte, desequilibrando de esa
forma el ecosistema. Pues bien, no todos los aspectos son negativos, la búsqueda
de reducir el uso del petróleo es una forma de reducir contaminantes, enfocarse
en la agricultura, la artesanía y muchas otras alternativas mas, puede ser una
buena manera de expandir conocimientos y poner en práctica otras labores que
generen ingresos del país. También es de vital importancia crear proyectos
educativos que se relacionen a la importancia de proteger el medio ambiente y
de esa forma crear, quizás, un poco mas de conciencia; la ley, por otro lado,
debe de hacer acto de presencia y comenzar a cumplirse para que se tome el
asunto con seriedad ya que para muchos esto no tiene relevancia.
Al mismo tiempo, se debe reconocer que Venezuela es por excelencia un país petrolero
y esto no nos excluye de aquellos fatales accidentales conocidos como “derrames
de petróleo” en el cual se ve muy afectada la fauna marina, y resulta que esto
se podría evitar si existiera un poco mas de seguridad al momento de trabajar
con el crudo, aparte de los gastos de saneamiento que disminuirán si se tomaran
en cuenta medidas para prevenir dichos accidentes; por ejemplo uno de los casos
mas recientes es el derrame ocurrido exactamente en el rio guarapiche (Maturín)
el 04/02/2012 en donde se calcula que el vertido podría sobrepasar los 60.000
barriles, los cuales se presume avanzo por el rio a unos 40 km cada 24 horas,
esto quiere decir que tan solo en el primer día la mancha afecto la
biodiversidad en al menos 140 km, allí se encontraban manglares muy sensibles y
aunque se implante saneamiento es un proceso verdaderamente lento y costoso.
El caso es que en nuestro país son muchas las zonas acuáticas que en
cualquier momento podrían sufrir una alteración en su biodiversidad; otro
ejemplo cercano es el lago de Maracaibo, en donde hace aproximadamente 80 años
se esta extrayendo petróleo y desde entonces los derrames y filtraciones por
operaciones de perforación, bombeo, mantenimiento de pozos, entre muchos otros,
han ido incrementando el daño al ecosistema marítimo.
En fin todo lo relacionado a este tema es algo más de conciencia y de
simple educación, si cada uno de nosotros comenzamos a generar opiniones, ideas
y acciones en pro de nuestro medio ambiente se podría estar 100% seguros que la
situación por la contaminación seria menos critica; como dijo Renny Ottolina: “Venezuela
con todo su hierro y todo su petróleo, nunca valdra mas que todos sus
habitantes”, y resulta ser bastante cierto, se le suele dar tanta importancia
al crudo que a veces olvidamos que la esencia de todo esta en el ser humano,
que muchas veces se necesita generar cambios y buscar el desarrollo, pero que
todo esto se pueda hacer sin perjudicar a la madre naturaleza.
Autora: María Fernanda Dávila
Estudiante de Ingeniería Ambiental UNET
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